Crónica ronda 6 – Equipo A – Lliga catalana

LLIGA CATALANA D’ESCACS
Domingo 23 de febrero
Categoría Preferente Barcelona, Grupo IV
RONDA 6. BARCELONA C 8,5 – TORREBLANCA 1,5

Desde luego, éste no era un match de nuestra liga por la permanencia en Preferente, así que se decidió reservar los mejores efectivos convocables para el equipo B, que se jugaba casi todas las opciones de ascenso en el match contra el Peona i Peó H (y que vencieron holgadamente con 4 a 0). Por tanto, el Torreblanca A iba con José Antonio Balastegui “Balas”, un jugador esporádico; y la joven promesa Miguel Romero, que ya lleva un par de años fogueándose en los Comarcales del Baix Llobregat y que el año pasado debutaba con el primer equipo en la visita al Cerdanyola, con la permanencia asegurada.

En esta ocasión, voy a tratar de no repetir lo que los compañeros del Barcelona C escribieron en su crónica, que podéis ver en este link.

Imagen de la ronda número 6 / Imagen: Ismael Molano.

Francamente, nunca tuvimos la menor oportunidad para intentar la proeza. Pero de las partidas se puede extraer algunas conclusiones instructivas. Por ejemplo, de mi partida – si es que a esa basura se le puede llamar así -, puedo asegurar que se perdió por contestar a 1.e4 con c5. En la primera jugada. En efecto, el día anterior había mirado posibles rivales, y visualicé posiciones contra Schneider (ex compañero de la UGA que tiene una norma de Maestro Catalán), Peirón (fundador del Torreblanca en 2014, curiosamente) y Víctor Torao, rival que había tenido enfrente en el Open Internacional del Sant Martí de 2006 y al que había perdonado la vida con un continuo en posición ganadora. Bien, me tocó Torao, y sabiendo que jugaba el poco ortodoxo Gambito del Ala Siciliano 1. e4 c5 2. a3!? Cc6 3. b4 cb 4. ab Cb4 5. c3 Cc6, pero muy efectivo si no se conoce, jamás tenía que haber contestado con la Siciliana, sino con una de las dos defensas alternativas que juego contra 1. e4 . Error gravísimo estratégico que desembocó en un ridículo sin atenuantes, teniendo posición perdedora en quince jugadas, con Torao jugando al toque casi toda la partida. Estoy seguro de que la posición resultante la tuvo anteriormente en ensayos previos caseros. El amigo Ismael Molano, que estaba jugando en el Barcelona B, aprovechó para retratarme durante mi partida, y la verdad es que quedé retratado, como dice Josep Pedrerol, el azote del becario.

Iván Cano, el James Bond del ajedrez catalán, contra Elena Casset, pese a que la rumorología de la semana gritaba que el doble cero bético tenía ganas de disputar una buena partida, tal vez influido por las posibilidades de la Norma de Maestro Catalán al acecho, decidió firmar la paz de manera temprana. Descanso para Elena, que se lo merece, e Iván podía prepararse para el asalto final a la gloria. Quizás este sevillano no se acuerde, pero qué diferencia cuando en 2011 me tocó jugar contra él en la Copa Catalana celebrada en Cornellà (yo en las filas del Ideal Clavé), y le gané en quince jugadas la dama. Él entonces tenía 1700, yo 2000…y ahora, yo tengo 1950 y él 2200 casi. Ley de vida y de la sobreocupación de un servidor, que ahora aparte de arquitecto y ajedrecista, es escritor profesional. No coincido en absolutamente nada con el ínclito Piqué, el polémico y polemista intencionado central del FCB, pero lo entiendo cuando dice que sólo puede dormir cuatro horas de tantas cosas y proyectos que tiene que hacer.

Otra observación es el rival que le tocó al joven Miguel Romero, Jordi Vives Cabau, un 1900 y largos ciertamente tapado, ya que hacía pocos años estaba aún en 2100. Ciertamente un rival de primeros tableros jugando en el último. Bizarro, pero las variaciones de Elo hacen últimamente de las suyas. Es una de las partidas donde el que tiene prácticamente un millar de puntos de desventaja va a aprender.

En la partida de Manel Santolaria con el ex torreblanquero Peirón, me dio la impresión de que cuando en el final de peones con dos piezas de ventaja el segundo se “dejó” unos calzones que perdían pieza menor por dos peones, ésa había sido precisamente su intención, simplificar a lo bestia para llevar un final con menos piezas y también ganado, pero con no tanta ventaja material. Por último, Roberto de la Fuente, recuperado desde el descanso de la quinta ronda, puntuaba con unas tablas e incluso con más afine en un final de alfil contra caballo y peón de menos de su rival, podía haber ganado.

La sala del Barcelona es una de las históricas del ajedrez catalán, y por ende español. Pasearse por las dependencias del principal de la Calle Julià Portet 5 es un viaje al pasado, y ciertamente películas como “El jugador de ajedrez” o “En busca de Bobby Fischer” podrían haberse rodado allí perfectamente, sobre todo en la sala flanqueada por una espléndida vidriera que da al patio interior de manzana, una delicia. Aparte del entorno arquitectónico, muchos retratos de nombres históricos del ajedrez catalán figuraban en los pasillos del club, como los del MI Antonio Medina. Miguel Albareda, Ángel Ribera o Jaime Anguera (que curiosamente estaba presente jugando con el Sant Andreu B contra el Barcelona B). Cincuenta años separaban la actualidad con su foto. Historia del ajedrez catalán.

La séptima ronda nos tocará contra el Catalunya C, colista del grupo IV y con el casillero sin estrenar. El punto es absolutamente obligado para seguir caminando con pie firme hacia la permanencia. Cualquier otro resultado será catastrófico y significará el cese fulminante del que escribe estas líneas. Esperemos que la prensa rosa haga también su aparición en las buenas y no para buscar las cosquillas.

Alejandro Darias

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