LLiga 2022 – Ronda 6 Torreblanca A

Crónica de Alejandro Darias Mateos

GRUPO IV PREFERENTE BCN

TORREBLANCA 5,5 – ATENEU BARCELONÉS 2,5

Otro match de reencuentros, esta vez con los amigos Sergi Yussupov Ibáñez y Alejandro Karpov Gisbert, antiguos compañeros de la UGA doce años atrás cuando defendíamos los intereses de aquella gloriosa escuadra UGA C en la Calle Francisco Giner del Barrio de Gràcia, justo al lado de la Escuela de Ajedrez de Miguel Illescas.

Son incontables las anécdotas que viví con estos compañeros en el Por Equipos y en numerosos torneos a los que íbamos juntos, aparte de los dos matches “Duelo de titanes” que sostuve con Alex Gisbert, precisamente en las instalaciones del Ateneu Barcelonés. Con partidas aplazadas y todo y equipo de analistas, no crean. Y encima una Quiniela Clandestina que montamos en un Open del Ideal Clavé…“Darias, por ti no pasan los años. ¿Dónde están tus canas?, me saludó Alex Gisbert. “Sasha, mira mis canas, que sí que tengo, ¡hombre!”“¡No se ven!”“Bueno, yo no tengo muchas canas porque no tengo mucho pelo”, contestó el gran Sergi Ibáñez, que experto en dar titulares a las crónicas del UGA C. Su “pasarela Cibeles de piezas” o su “enroque artístico” han pasado a la historia de la imaginación.

Jugar un match cuando dos de tus mejores amigos ajedrecistas están en el equipo contrario es un poco complicado, pero uno ante todo es un profesional y una vez están las piezas de por medio, no hay sentimientos que valgan hasta que acabemos la partida.

La anécdota de la jornada se produjo nada más empezar, cuando el segundo tablero del Ateneu Barcelonés, Germán Rodríguez, dijo que había poca luz en su mesa. Cuando ya estaba pensando si darme un salto por un todo a 100 y comprar una luminaria en tiempo récord (no crean que esto no me ha pasado antes en una visita profesional), Javier Luengo, con unos reflejos increíbles y asistido por su rival, ofreció el cambio de mesas, con la curiosa situación de que el segundo tablero jugaba entre el séptimo (el mío) y el sexto (el de José Ramón Aymerich). Evidentemente, una vez todo volvió al tablero, le comuniqué a Alex Gisbert que “¡buen intento de desestabilizar al delegado contrario, seguro que tú estás detrás de todo esto!”

El match se preveía duro. Si bien había ventaja en la línea de centrocampistas y defensiva por parte nuestra (otra vez presentamos equipo de gala, del 1 al 😎, los delanteros e interiores del Ateneu eran superiores, así que cualquier cosa era posible. Sin embargo, todo se puso de cara después de las dos primeras horas de encuentro.

Aymerich vencía su partida contra Ramón Cases después de una escaramuza en el flanco de dama en una posición llena de posibilidades, como los pisos a la venta que están hechos polvo.

Montoya entablaba contra Magí Bernat después de haber aguantado bien la presión de su rival manteniendo la posición cerrada. Y en media hora más, caían seguidos tres puntos que daban la victoria del match, de una forma tal vez mucho más plácida de la esperada.

Jorge Muñoz (5 de 6, señores) neutralizaba la derrota de la semana anterior frente a Alex Gisbert en otra posición dinámica y llena de piezas, Luengo en la mesa oscura no se pasaba al Lado Oscuro y vencía a Xavier Soriano y David Julià, en un duelo interesantísimo de maestros del humor, hacía inclinar el rey a Sergi Ibáñez en un final con peón de más muy difícil de sostener. La verdad es que era lógico que estos dos jugadores se enfrentasen, es como poner a jugar a Charles Chaplin y Groucho Marx. ¡Gana el público!

Por tanto, solamente quedaban tres partidas y literalmente dije a Luis López que “fiesta, todo el mundo puede hacer lo que quiera”. Y a mí me vino muy bien, porque después de tener que ceder a cambio de nada la pareja de alfiles en la apertura (¿dónde quedó el teórico de años ha?), supe que o liaba la partida tácticamente, sacrificando peón si era necesario, o iba a entrar en un final de alfil malo, probablemente perdedor. Por suerte, encontré un avance de peón liberador a d4 que puso la partida patas arriba a cambio de despertar a los dos alfiles contrarios, precio a pagar. Mi rival pensó largamente y en vez de intentar cázame un caballo con un peón debilitando su enroque, decidió jugar a sostener la posición, lo que me dio la oportunidad de entregar dama por dos torres y peón y atacar al rey contrario. Casi no me dejo pieza en un doble que no vi. Por suerte, tenía contrajugada (me la encontré, tengo que reconocerlo), y mi rival se dejó la dama en un doble de caballo cuando me intentaba ganar a toda costa una pieza en prise. Sin embargo, la posición era de locura y merece un buen análisis, porque el 1X2 era posible pese a que jugando bien, yo debía ganarla.

Albert Padrós al parecer hacía una jugada rara contra Germán Rodríguez y perdía una posición igualada, sin problemas, y Luis tenía que inclinar el rey ante Enric Coquard. “Cuando te ganan bien porque saben más, nada que objetar, cuando pierdes como la semana pasada [por tiempo en una posición superganada], sí que te fastidia”, comentaba nuestro primer tablero al final del match, que celebraba por todo lo alto unos 4,5 puntazos de 6 de un equipo que en teoría siempre está por alineación destinado a luchar para evitar el descenso.

¿Cuál es el panorama ahora? Que increíblemente dependemos de nosotros mismos para ascender a Segunda, un logro que sería realmente increíble dada la modestia de nuestro equipo, con tres bajas sensibles del año pasado: Elena Casset, Edu Pérez y Félix Doménech, todos titulares del Torreblanca A y Elena, primer tablero, además. Tenemos la semana que viene que ir al Centro Gallego de Las Ramblas de Barcelona para certificar el primer paso frente al Agustí B, que se está jugando el descenso. Será apasionante.

Muchísima suerte al Ateneu Barcelonés en sus tres matchs restantes. Yo fui socio de esa entidad con tanta solera en mi época de alumno de la Escuela de Escritura, y es un edificio que respira cultura por los cuatro costados.

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